18/12/07

Menores en reinserción

Un grupo de 28 internos convive en el centro de menores de máxima seguridad de Los Rosales. Están recluidos por homicidios, ‘kale borroka’ o pertenencia a bandas latinas y se enfrentan a penas máximas de ocho años Sólo son unos niños pero ya viven entre rejas. En el centro de reinserción y reeducación Los Rosales de Carabanchel hay 28 menores ingresados. Todos por delitos graves: homicidios, kale borroka, agresiones con arma blanca, pertenencia a bandas latinas, tráfico de drogas… Ahora pagan por ello aunque con un único fin: la reinserción. Algunos se enfrentan a condenas máximas de ocho años pero les ha bastado sólo un mes confinados en este centro de máxima seguridad para transformarles. «Yo no quiero volver aquí más», señaló un joven magrebí. Y eso que el recinto ofrece talleres y actividades como para que el «tiempo vuele», le contesta uno de sus monitores.
El vetusto recinto abrió ayer sus puertas al Consejero de Justicia, Alfredo Prada, y a su séquito de colaboradores. Para la conspicua visita los internos prepararon una deliciosa barbacoa criolla. Claudio, uno los 50 educadores del centro, se encargó de la elaboración del menú. «Lo he preparado con mucho cariño que es lo que le falta a estos chicos», contó. Claudio es el profesor del taller de hilo y sabe muy bien lo que necesitan estos chavales ya que pasó siete años ingresado en la cárcel. «Aquí no está permitido el roce pero yo lo primero que hago con estos chicos es abrazarles y abrirme a ellos».
Barbacoa con Prada
La barbacoa, en la que también participaron la gerente de la Agencia de Reeducación y Reinserción del Menor Infractor de la Comunidad de Madrid, Carmen Balfagón, los educadores y maestros de taller del centro, se enmarca en un plan de la Comunidad de Madrid, que incluye refuerzos positivos para animar a los jóvenes sometidos a medidas judiciales y para que participan en talleres de carácter prelaboral.
El propio consejero rompió el fuego y fue el que se dirigió en primer lugar a los jóvenes. «Sé que estáis confeccionando algo para la propia presidenta», les dijo Prada. Uno de ellos explicó, con cierta timidez, lo que se cuece desde hace días. «Estamos preparando escudos en hilo de seda. Son el de la Comunidad de Madrid y otros pueblos de la región». Quien hablaba era un joven colombiano que acude cada día al taller artístico de hilo. Esta es una de las múltiples actividades a la que pueden acudir los chavales internados en este centro.
De los 28 internos, 14 son suramericanos, seis marroquíes, cinco españoles, dos rumanos y uno haitiano. Se levantan a las 08.00 horas y una hora después 17 de los jóvenes acuden al instituto. El resto pasa por los ocho talleres de formación con los que cuenta el centro: jardinería, carpintería, arte textil o cerámica. Sus trabajos se venden en la tienda Asombra, situada en la calle de León de Madrid. La comercialización de los productos realizados por estos jóvenes revierte en ellos ya que se reparten los beneficios.
Un joven de 20 años lleva recluido cuatro años y medio. «Lo peor es estar encerrado y lejos de la familia», comenta. «Tampoco me gusta que nos acostemos a las nueve de la noche, es muy pronto pero lo tenemos que aceptar», agrega.
«Yo sólo aspiro a comportarme de la mejor forma posible», señala otro joven. «A veces pienso que hice algo muy malo y me digo a mi mismo que no lo volveré a repetir». «Aquí nos llevamos bien. Todos sabemos por qué está cada uno encerrado y nos respetamos. Luego hay gente que nos llevamos mejor, pero nunca suele haber peleas ni enfrentamientos graves», relata otro joven latino.
«Ha habido algún roce pero nada grave», cuenta uno de los educadores. «Este es un centro pequeño, se conocen todos y estamos pendientes para que no haya gestos o apología de bandas y demás».
Miguel es el director del taller de carpintería. «Hacen cosas maravillosas en el taller. Lo peor que llevo es ver cómo han cometido un desliz y tienen que pagar por ello. A todos les veo muy arrepentidos».
Juana, la directora, cree que lo peor para estos chavales es aceptar el delito que han cometido. «Deben de asumir que han tenido un error. Eso es importante. Cuando un chico asume la responsabilidad de sus actos es muy fácil trabajar con él y puedes tratar de modificar sus comportamientos», dice la responsable.
Los Rosales es uno de los 16 centros de los que dispone la Comunidad de Madrid. Funciona desde 2002, tiene capacidad para atender a 32 menores infractores y está preparado para acoger también a mujeres.
El Mundo, LUIS F. DURAN, 2007-12-18

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