9/12/07

Los hijos del Principado

REPORTAJE

Una casa con 46 hijos
El ala del menor del Centro Materno Infantil de Oviedo acoge a casi medio centenar de niños de cero a tres años que se visten en Pili Carrera y se entretienen con juguetes Kids
No es un hogar, pero se parece mucho a una familia monoparental formada por una madre y cinco hijos. Lo que le hace diferente es que bajo el mismo techo conviven diez madres con cinco hijos cada una. Siempre distintos, nunca mayores de tres años y no por demasiado tiempo, pero el conjunto del ala del menor del Centro Materno Infantil de Oviedo no dista mucho de un edificio de apartamentos de una sola planta en el que cada uno tiene su vida tan independiente como común. Nada que ver con los lúgubres retratos cinematográficos de los centros de acogida de menores. Se parece más a esos nuevos colegios infantiles coloristas, alegres y juguetones que el Principado va incorporando poco a poco a su red educativa.
Pero todo ello son pinceladas de ternura realizadas con la clara intención de dulcificar una realidad de por sí amargamente indigesta. Porque en el centro público del Parque de Invierno residen casi cincuenta niños de hasta tres años que, por razones de desprotección, acaban siendo separados de sus familias biológicas. Llegan allí desde el propio hospital donde nacen con síndrome de abstinencia. De nada sirve que las madres nieguen el consumo de estupefacientes. Los análisis de orina de los pequeños delatan hasta la variedad de sustancias que los han convertido en adictos. Y son los propios servicios médicos los que derivan, con anuencia de la parturienta o sin ella, a los recién nacidos al Centro Materno Infantil. Ellos son los que constituyen la mayor parte de esos 25 niños que se reparten entre los cinco módulos destinados a los recién nacidos y que ocuparán hasta que cumplan un año.
«Tienen temblores de barbilla, de piernas y de brazos, son muy irritables y en ocasiones no hay forma de controlarles el llanto ni cogiéndoles en brazos», explica la coordinadora del Centro Materno Infantil de Oviedo, con una voz tan cargada de cariño como de evidente desdén hacia quienes proporcionaron ese estado a criaturas tan indefensas. «Tardan entre cuatro y seis meses en superar el síndrome de abstinencia y lo tienen que hacer a pelo, ellos solitos, porque en el hospital nada más nacer les dan fenobarbital y si nosotros les añadimos algo más, les drogamos», afirma Sara Flores, mientras contempla, medio embelasada, el sueño de una niña mofletuda y sonrosada que duerme plácidamente en uno de los módulos.
Una pequeña de 10 días
Tiene apenas diez días y es la más joven y reciente inquilina del Centro Materno-Infantil. Ella es la benjamina pero comparte cuarto, que no cuna, con otros cuatro bebés de semejantes características y conforman uno de los cinco módulos destinados a los más pequeños de la casa. En cada uno de ellos, así como en cada uno de los apartamentos que ocupan los mayes, entendiendo como tales a los personajillos traviesos y sonrientes de uno, dos y tres años, está siempre la permanente figura de una monitora. Ni cuando duermen la siesta abandonan la estancia. «Es que son niños a los que hay que cuidar, de los que hay que estar muy pendiente, porque una muerte súbita te puede venir en cualquier momento. Al final, si sucede, no puedes hacer mucho, pero por lo menos no perdemos la capacidad de respuesta», explica Sara Flores, mientras pasa ante las dos pequeñas mesas camilla dispuestas en mitad del pasillo para las seis tutoras que hacen el turno de noche, tres para los bebés y otras tres para los pequeños. Eso sí, las noches transcurren con las puertas de módulos y apartamentos abiertas.
El Centro Materno Infantil dispone de una plantilla de 46 personas, de las que 40 trabajan de día y seis de noche, y cuenta con una formación tan variada como necesaria. Un pediatra a tiempo completo, un psicomotricista, educadores y tutores conforman una atención asistencial constante que supera sensiblemente la recibida por los niños más afortunados que afrontan el inicio de su vida con su familia biológica. «Los pequeños tienen un desarrollo normal hasta que comienzan a caminar, porque a algunos les cuesta más trabajo. Pero cuando superan sus problemas, nuestros niños acaban teniendo mejor psicomotricidad que los de afuera», indica la coordinadora del centro.
A cambio, tienen un lenguaje menos desarrollado. Dicen quienes conviven con ellos que puede ser por carecer de esa relación cotidiana y habladora de las madres con sus hijos, ese monólogo que parece perderse en el aire, pero que cala en el joven y absorbente cerebro infantil. De hecho, cuando los pequeños salen con sus familias, vuelven diciendo tacos. Los tacos de tres años. «Viven en un ambiente muy medido y muy controlado. A nivel de atención están muy, muy bien, pero el factor de sociabilidad, esa vinculación entre padres e hijos, les hace llegar algo más retrasados al mundo del lenguaje».
Normalidad e imagen
Pero sólo cuando hable este medio centenar de pequeños puede dar a entender al profano que procede de un centro de acogida público, que su primera infancia ha resultado tan dura y tan distinta. Y es que si logras abstraerte, más del peso que del lugar en que te encuentras, nadie podría detectar el origen de estos niños. Lo mejor del mercado lo difrutan ellos. La ropa no proviene de grandes almacenes ni de cadenas de bajo coste. Llevan firma. La de la selecta Pili Carrera. Y sus juguetes no provienen de donaciones ni son los que se han quedado en desuso en niños mayores. Son de Kids, la prestigiosa marca de juegos infantiles. «Hemos llegado a un acuerdo con ellos y nos sirven directamente de fábrica, con unos precios muy asequibles. Un conjunto de pantalón y camiseta nos sale por diez euros», explica, orgullosa, la coordinadora del centro, dolida con otras marcas comerciales que no han querido colaborar en la normalización de sus niños. No en vano los llama «bebetinos».
Sara Flores, una mujer que evidencia el cuidado de su imagen, está convencida de que «la normalización pasa por la imagen» y sus niños no pueden ser detectados peyorativamente por un origen que ni ellos siquiera han buscado. No en vano un buen bocado del presupuesto del Centro Materno Infantil de Oviedo se va en los ajuares, en dodotis, en cereales, en leche maternal Natura, en biberones y yogures. Todo ello procedente de los laboratorios correspondientes. Cada niño tiene su casilla con su propia ropa, sus zapatos y sus juguetes. Crecen con un sentido de la propiedad tan férreo como el de cualquier familia biológica. Lo mío es mío y lo comparto cuando y con quien quiero. No son niños de la colectividad ni hijos de un servicio público.
El papel del voluntariado
Sin embargo sus cuidados precisan de los esfuerzos de todos. Cuenta el director del centro, Iñaki Olazagoitia, que «no podríamos hacer nada sin la colaboración de los voluntarios de Cruz Roja, porque necesitaríamos más gente», a lo que apostilla Sara Flores que «cuando la tutora tiene que ir con uno de los niños al hospital, deja aquí a otros cuatro. Y nunca hay menos de cuatro taxis diarios al hospital. En este momento, la bronquiolitis nos está haciendo polvo. La coge uno y detrás van los demás». También menciona que el voluntariado no es la mejor solución, pero sí la más efectiva a falta de recursos humanos. «Lo suyo es altruismo puro, porque no sólo no perciben ninguna retribución, sino que nunca ponen límites de tiempo y dedicación. Sin ellos no podríamos hacer nada», sentencia.
El objetivo secreto de los profesionales es no encariñarse con los pequeños. Y en verdad resulta difícil. Por eso Sara Flores repite con insistencia que «el objetivo de todos es encontrar una familia para ellos. Porque, además, es lo que quieren. No son tontos. Cuando se va alguno de ellos a una familia de preadopción, el resto pregunta por él y te dicen: 'yo también quiero unos papás, pero de los de la salita, no, de los otros, de los que se llevan a los niños y no vuelven'».

3 comentarios:

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luisma dijo...

Estimada Eva:

No cabe duda, que leyendo tu artículo, parecen tener alguna razón quienes dicen que la realidad no es lo que es, si no lo que se cree que es ( cosas de la subjetividad). Te digo esto pues yo conozco directamente esta "casa" y no es lo que tu nos cuentas. Comenzare diciéndote que no son "apartamentos" más bien se parecen al garaje de mi abuelo. Debo seguir añadiendo que no son cinco "hijos" sino más bien seis, y no diez madres, si no bastantes mas madres ( o padres).

Lo que me hiere, la subjetividad, es que digas que "no por demasiado tiempo". Mujer, yo creo que superar una media de un año ( tu lo recoges en el articulo,con casos de años, incluso mas de 8. Sobretodo si tienen algo diferente), y comprobar "los balanceos" de los menores (como un síntoma de institucionalismo. Que ha sido denunciado por un ex el ce-director ante el Defensor del Pueblo), si es mucho tiempo ,y que por este hecho el "ala" del menor no se parece a un "hogar monoparental"( o al menos a un hogar monoparental protector).

Lo de "las seis tutoras de noche",es una afirmación simpática, pues son tres ( una semana un turno y otra otro), no seis.

Perdón, pero con todo respeto por Sara y el resto de profesionales, si son hijos de servicio público, sobre todo los que pasan de tres meses de estancia allí. Sobre eso Sara debe saber bastante, pues lleva muchos años al frente de esa coordinación.
En lo que si coincido es en la apreciación sobre el voluntariado, al que por cierto se quiso alejar del centro ( 1 mes sin poder entrar) culpándolos injustamente de dar información sobre una supuesta epidemia de meningitis. Ellos son imprescindibles , altruistas, generosos, si bien no les queda más remedio que pagar "el impuesto revolucionario" de afiliarse a + Roja, pues si no pueden ejercer de voluntarios ( mas de 2 millones se lleva esta ONG?-¿A cambio de que?)

Respecto al porque no se encuentra una familia para ellos, ¡uff! que cosa más difícil de responder, pero si se lo preguntas a esta , a la anterior , y anterior Consejer@ quizás te dirán que tiene que ver con la falta de recursos y con el afán de poder y de control de algunas personas (si no ¿Como puede haber listas de espera en las solicitudes de adopciones?).
Sobre lo de los "colegios infantiles coloristas, alegres y juguetones" , debe ser que el día que fuiste, las goteras habían desaparecido., la calefacción funcionaba, y las humedades se habían evaporado,asi como que los trabajadores no estaban de baja a causa del stress.
Es increíble esto de la subjetividad, pues incluso yo llego a creer que este articulo no es contar lo que pasa (fin del periodismo) si no pagar favores a la Consejería. Pero sera cosa mía , pues lo del pensamiento único no esta en el libro de estilo del Comercio.

Luis Manuel Rodríguez García

Anónimo dijo...

Luisma: dado tu caracter politico y tu tendencia ex-... no merece la pena comentar nada al respecto. Cuando estas suspendido de empleo y sueldo siendo tan trepa (demostrado por todos compañeros y excompañeros) que buscas? si ya no tienes apoyo politico en ningun sitio. EMPIEZA A TRABAJAR Y NO TOCAR LOS COJONES