El policía cercano ya no es el de barrio, es el de escuela. Un agente municipal de paisano que hable de tú a tú con los profesores, al que los padres saluden por la calle y que conozca a los chicos por su nombre. Un guardián que vigile a las bandas callejeras, que controle el menudeo de droga y espante a los camellos que van a vender a la puerta de la escuela, que evite que los niños hagan pellas y que les separe en las peleas. La idea ha triunfado tanto en el PP como en el PSOE.
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